SANTUARIO DE ARANTZAZU

Santuario de Arantzazu

A 10 kilómetros de la villa de Oñati se alza una de las construcciones religiosas más vanguardistas del mundo, el Santuario de Arantzazu. Cuenta la leyenda y atestigua una pequeña imagen, que a un pastor llamado Rodrigo de Balzategi se le apareció la Virgen sobre un espino en 1469. El pastor, asombrado, preguntó a la Virgen: "Arantzan zu?" (¿Tú en un espino?). En el lugar donde ocurrió, un valle lleno de barrancos y con una espléndida vegetación, se alzó un santuario que fue creciendo y llenándose de devotos.

Apóstoles. Santuario de Arantzazu

Entre sus fundadores destaca el nombre de Juana de Arriaran, que era serora de la ermita de Santa María de Oñati y una mujer culta de la que se decía que era una célebre sanadora cuyos servicios eran requeridos incluso por las reinas de la época y que acabó viviendo muy cerca del santuario para poder ofrecer su talento curativo a los peregrinos que pasaban por allí. Siglos después, en 1951, se decidió hacer una basílica en el lugar para recoger todo el espíritu del enclave religioso. Sin embargo, aquella obra no se limitó a eso sino que fue una auténtica revolución dentro de la sociedad, la Iglesia y el arte.

Vidrieras. Santuario de Arantzazu

El proyecto ganador para la realización de la nueva iglesia fue el de Francisco Javier Sáenz de Oiza y Luis Laorga. Ambos arquitectos consiguieron aglutinar a algunos de los artistas vascos más importantes para participar en él. La llegada al Santuario de Arantzazu impresiona. Colgado de un roquedal, aparece majestuoso. Las dos torres gemelas que enmarcan la iglesia, con la torre del campanario a un lado, están realizadas en bloques de piedra caliza tallada en forma de diamante. La puerta, llamada la del infierno, es obra de Eduardo Chillida hecha en hierro forjado y de estilo abstracto. El escultor Jorge Oteiza fue el autor de las esculturas de los 14 apóstoles de la fachada mientras que las pinturas de la cripta están firmadas por Néstor Basterretxea, del cual merece una atención especial el Cristo pintado de rojo.

Santuario de Arantzazu

En el interior de la iglesia es especialmente impresionante el gigantesco retablo de Lucio Muñoz y el juego de luz que hicieron los arquitectos consiguiendo que parezca que sale de la misma roca. La pequeña Andra-Mari refulge arriba y parece más frágil aún debido a la enormidad que la rodea, sin embargo gracias a ella este espacio religioso tan especial canta a la libertad y al arte y ayudó, con su radical y espectacular modernidad, a un cambio social que era necesario en Euskal Herria.