SAN SEBASTIÁN

6 KILÓMETROS DE ENSUEÑO

Pasear es una de las actividades preferidas de las y los donostiarras. Seguimos sus pasos para descubrir una bella ciudad enclavada entre montes pero que pierde siempre su mirada en el rugiente Mar Cantábrico.

San Sebastián. Bahía de La Concha

Montes verdes y el Mar Cantábrico, con sus colores cambiantes, guardan San Sebastián como si de un tesoro se tratase. Y lo es. Bonita y elegante, la pequeña capital de uno de los territorios históricos de Euskadi, Gipuzkoa, se alza frente a una bahía y desgrana sus encantos. La ciudad ha sido agraciada con una naturaleza espectacular que la enmarca a la perfección. Situada a solo 20 kilómetros de la frontera con el País Vasco francés, la influencia se hace palpable en sus calles mientras que la cercanía crea un flujo constante de viajeros en ambas direcciones. Dicen que a muchos les recuerda a París, en pequeño y con mar. Sin embargo, pese al evidente afrancesamiento de algunos de sus jardines y edificios, San Sebastián es única. Por su cultura, sus tradiciones y, sin duda, su gente. Las y los donostiarras se sienten, ante todo, felices con su ciudad, un amor profundo que transmiten al visitante desde que se convirtiera en un destino turístico favorito internacionalmente. Esa afluencia constante de foráneos ha perfilado el carácter de sus gentes, abiertas y hospitalarias.

Pregunto a Joseba, un conocido, por la Historia de la ciudad y en seguida comienza a hablar con evidente orgullo. Me cuenta que esta era una pequeña ciudad fortaleza militarizada que, sin embargo, en 1863 decidió romper sus murallas y girar su vista al mar. Así comenzó la construcción de la nueva y espléndida ciudad que hoy conocemos. Desde el principio estuvo orientada al turismo, una sabia decisión con una conciencia extraordinaria de futuro. Las y los donostiarras han sabido realzar los dones que la Naturaleza les otorgó para construir una ciudad en perfecta armonía entre tierra y mar. Pronto la reina regente española María Cristina la eligió como lugar de veraneo para tomar convenientes baños de mar que mejorarían su piel. Acompañada de toda su corte comenzó una relación que se prolongó desde 1893 hasta 1928.

Con la llegada de la reina y de su corte, la ciudad se dotó de infraestructuras de todo tipo siempre destinadas al visitante pero sin olvidar jamás el disfrute de sus ciudadanos y ciudadanas. Parque de atracciones, casinos, campos de golf, tiro al plato, actividad náutica, restaurantes, comercios y bares, de todo había en profusión a comienzos de siglo XX. Por todo ello, se convirtió en un referente del turismo. La ciudad a la que todos miraban para mejorar. Desde entonces la afluencia de gente no ha hecho sino crecer. Lo mejor es que nunca ha perdido sus acogedoras dimensiones. Se hizo a una expresión que define bien lo que es Donostia: a escala humana. Y esa es una de las razones por las que sus menos de 200.000 habitantes disfrutan de una alta calidad de vida. A todo se llega rápido, sin atascos ni grandes aglomeraciones. Una de las claves, dicen, para la felicidad. Para demostrármelo, Joseba me propone dar un paseo para descubrir esta ciudad bombón, como la llama, que no solo está deliciosa por fuera sino también por dentro.

San Sebastián. Monte Igeldo

El paseo comienza subiendo a un funicular que tiene más de un siglo y que nos traslada a la cima del monte Igeldo. El trayecto merece la pena pero lo mejor está a la llegada, cuando se abre una espectacular panorámica de San Sebastián, esa que está inmortalizada en tantas fotos y postales. Las playas, el mar y la ciudad refulgen. Desde aquí podemos ver el paseo que vamos a hacer, siempre hacia el este bordeando la costa hasta llegar al monte Ulía, pasando por las tres playas de la ciudad y algunos de sus edificios y rincones más emblemáticos. Nos preparamos para bajar, pero antes me apunto mentalmente regresar a Igeldo porque hay un precioso Parque de Atracciones que no pienso perderme.

San Sebastián. Peine del Viento

Al bajar, caminamos apenas 200 metros hasta llegar al Peine del Viento, la majestuosa escultura del renombrado artista Eduardo Chillida. Siento que estoy ante un símbolo y que estas tres esculturas de hierro pegadas, casi fundidas a las rocas, sumidas por siempre en el sonido de las olas que golpean la piedra sin clemencia, dicen mucho del carácter estoico y el profundo arraigo al Mar Cantábrico de los habitantes de esta tierra. Mi acompañante sonríe cuando se lo digo. Quizá no ande desencaminada.

San Sebastián. Playa de Ondarreta

Rumbo al este, alcanzamos Ondarreta, la primera playa donostiarra que vamos a encontrar en nuestro recorrido. Ya se ven numerosos paseantes. A la gente de Donostia le gusta pasear y, en cualquier época del año, se les ve caminando, como sin prisa, disfrutando. Los toldos y las carpas de la playa con su característica tela a rayas blancas y azules le dan un aire muy elegante y retro. Imagino que en cualquier momento va a aparecer una cuadrilla ataviada de la Belle Époque. Resistirse a una zambullida en el mar es duro, pero hay que proseguir que queda mucho por ver.

San Sebastián. Palacio de Miramar

El Pico del Loro, un pequeño istmo, separa esta playa de la siguiente cuando la marea está alta. Sobre él, se alza el bonito Palacio de Miramar, el que posee las mejores vistas y un precioso jardín que se puede visitar. Este fue el regalo de la ciudad a la reina María Cristina, por ser una gran embajadora de las delicias de Donostia. Hoy es un edificio público con unas vistas excepcionales.

San Sebastián. Paseo de La Concha

Tras él, aparece en toda su plenitud la que está considerada una de las playas urbanas más bellas del mundo: La Concha, toda señorial, con su arena fina y clara. Sus casetas de baño recortadas en el horizonte. No me extraña que se sientan tan orgullosos de ella. Se encuentra muy cuidada y pienso que es la playa más chic del mundo. No imagino a gente gritar en ella y me costaría comerme un bocadillo. Esta es una playa señorial, circundada por tamarindos. Además es perfecta porque está protegida del oleaje. Los accesos a ella están coronados por relojes de piedra y una característica barandilla. Un voladizo por la parte de abajo, casi a ras de playa, permite estar cerca sin mojarse cuando hace mal tiempo. Todo está muy bien pensado. Los edificios a nuestra izquierda tienen el metro cuadrado más caro de todo el estado. Las vistas lo merecen.

San Sebastián. Ayuntamiento

Ya al final aparecen los Jardines de Alderdi Eder, en primera línea de playa, dando aún más aire a la ciudad, y el antiguo casino hoy convertido en vistoso Ayuntamiento. Merece la pena perderte unos minutos en ellos, hacer un descanso a la sombra de alguno de sus árboles. Si vas en pareja es un sitio romántico y si vas con niños seguro que disfrutarán subiendo al bonito Tiovivo que hay.

San Sebastián. Puerto

Seguimos el paseo y la charla hasta llegar al Puerto Pesquero de San Sebastián, un tesoro más de la ciudad y el sitio más protegido de ella. Aunque haga frío, en el puerto siempre hace algún grado más porque está muy bien resguardado. También hay pequeños restaurantes y bares. ¿Un consejo? Comprar un cucurucho de carraquelas y quisquillas (caracolas de mar y pequeñas gambas) hervidas y de una frescura y sabor deliciosos. Acompañado de un txakoli o una sidra, sentarse en el puerto frente al mar y comerlo mirando los barcos tradicionales, pintados en rojo, verde, azul o negro, los cuatro colores característicos, es un placer. Por cierto, del puerto sale un barco turístico que da un paseo por las diferentes playas. El barco se llama Ciudad de San Sebastián. Y otro te lleva hasta la Isla de Santa Clara.

San Sebastián. Aquarium

Desde el puerto podríamos ya acceder a la parte vieja de San Sebastián, la fortaleza militar, pero eso queda para más tarde. Seguimos costeando hasta llegar al Aquarium, otro de los sitios favoritos de los más pequeños, el museo más visitado de Donostia. Un montón de peces nadan en diversas piscinas muy bien hechas. Espectacular su Tiburonario. En este museo se explica la historia de una ciudad abierta al mar. Al terminar se debe subir a la explanada de arriba, para contemplar otra vista preciosa de la Bahía, esa que estamos mirando desde diferentes ángulos.

San Sebastián. Construcción Vacía de Oteiza

Comenzamos a recorrer el Paseo Nuevo para rodear por la costa el monte Urgull, un parque urbano en alto coronado por el Monumento al Sagrado Corazón. Alcanzamos la "Construcción Vacía", imponente escultura de Jorge Oteiza, situada al otro extremo de "El Peine del Viento" donde acaba el semicírculo de la bahía. Es donde se toman las características fotos de San Sebastian en días de tormenta cuando las olas alcanzan hasta 15 metros. Una de las visiones más impresionantes de ella se produce cuando hay fuerte marejada y las olas golpean sin piedad a ese espigón. Ojo, las olas te pueden llegar a empapar y si la tormenta es muy fuerte no conviene envalentonarse. El olor a sal te impregna y se queda pegado en los labios.

San Sebastián. Puente Kursaal

Seguimos bordeando la costa hasta llegar a la desembocadura del río Urumea, que atraviesa San Sebastián. Por el puente Kursaal divisamos el Palacio de Congresos Kursaal, impresionante obra del arquitecto Rafael Moneo. Los dos cubos que conforman los edificios están inspirados en las rocas cuadradas que hay en la desembocadura. Formas orgánicas que rompen con el San Sebastián afrancesado para ofrecer una imagen de futuro a la ciudad. Un contraste espectacular. Los grandes acontecimientos culturales de Donostia suceden en él.

San Sebastián. Playa de la Zurriola

Una vez pasado el puente, a los pies de este edificio descubres la playa de la Zurriola, la tercera de Donostia, conocida como la playa de los surfistas. No tiene isla alguna delante y el oleaje en ella es libre. Detrás, el Monte Ulía parece protegerla. Desde su cima, la vista es de nuevo impresionante: la playa de la Zurriola, al fondo los cubos, la parte vieja y la bahía, que se ve atrás del todo. Como en un hermoso cuadro, los surfistas dan pinceladas de color al azul y blanco del mar; no es en vano el nombre de San Sebastián Surf City. Con esta panorámica cerramos el caleidoscopio de esta ciudad siempre hermosa, siempre distinta.

Galería de imágenes